La damisela hechizada

Ago 14, 2009 by

Una nostalgia en el corazón era suficiente motor para que las lágrimas rodaran por las mejillas de la damisela más triste y hermosa del pueblo, se hallaba encerrada en su habitación del castillo desde hace tanto tiempo que ya ni recordaba su nombre. Por una extraña razón no quería salir de aquel lugar o quizá había intentando escapar tantas veces que había llegado al punto de convencerse a si misma de no querer escapar por decisión propia, tal vez de esa forma aminoraría el dolor, aunque eso implicara rendirse.Desnuda sobre su cama no paraba de llorar sin razón alguna, había caido en la demencia misma al no entender la verdad de su existencia, estaba sola con su mascota, una hermosa águila real que salía todas las mañanas a buscar el alimento de su amo, pues no había conocido alguien más que lo hiciera. Sabía que estaba en un castillo pero no disponía de puerta alguna, o por lo menos jamás recordó haberla visto, se hallaba sola y desdichada, no tenía sueños, la vida se le escapaba de las manos con el paso de los años que ni siquiera podía contar, solo podía observar el mundo a través de la única ventana que existía en su habitación, la cual le mostraba diariamente un paisaje distinto, aunque curiosamente se manchaba de pintura cada vez que se asomaba.

La damisela no estaba muy equivocada, hace mucho tiempo había estado enamorada pero lo había olvidado todo de tanto dolor que sintió al hallarse encerrada en un lugar tan oscuro, pero agradecía la compañía de su águila real, con quien compartía la tristeza. Una maga oscura la había maldecido hace mucho tiempo sin razón aparente, muchos dicen que por envidiar su belleza, otros dicen que por despecho y algunos ni siquiera creen la historia, pero la verdad es que ella estaba allí encerrada sin saber por qué, soñando con los besos que un día recibió pero había olvidado.

Una mañana fría, sentada en la cama mientras esperaba el alimento, un gran sentimiento le invadió el alma, como si pudiera recordar algo, en ese instante su mascota le observaba en la ventana con las patas pintadas de azul, tenía una mirada tierna y nostálgica, como si tratara de revelar su identidad, mientras una lágrima rodaba sobre sus delicadas plumas. Era el hombre que amaba convertido en águila real, la única oportunidad que había tenido para estar a su lado como su mascota, estaban encerrados en una pintura de óleo que el mismo había comenzado ilustrar. La malvada maga había hechizado a la damisela para separarla de su amado, lo que nunca imaginó fue que su amor era tan grande como para convertirse en el águila de la pintura y mantenerla con vida durante todo ese tiempo.

Al darse cuenta de la verdad se rompió el hechizo y salieron de aquella pintura que no dudaron en quemar de inmediato, desde entonces se les ve caminar plácidamente por las calles del pueblo sin ver de nuevo la terrible maga oscura que los había maldito.

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