Semillas enamoradas!

Nov 7, 2009 by

Photo by Lady Jerez - Jardín Botánico - Caracas, Venezuela

Cuentan que hace muchos años plantaron dos semillas en la montaña Zhamihatzu, un niño las bendijo rápidamente y escarbó bajo la tierra mientrás su abuela muy molesta venía tras de él, plantó las dos semillas que le quedaban. Él las había encontrado junto a la tala de árboles que había observado cerca de su casa. Entró a escondidas al territorio “privado” y salvó unas cuantas semillas del piso, los hombres se dieron cuenta de la presencia del niño y no dudaron en llamar a su abuela para decirle que el pequeño estaba haciendo travesuras en su territorio “privado”. Zehnti solo gritaba que para ellos “el cementerio de árboles” no podía ser rescatado por un niño de buen corazón, pero que lo había logrado.

La abuela no entendía ni una sola de sus palabras, pero muchos años después de la tala y creación de una fábrica en el territorio “privado” los habitantes de la montaña árida observaron crecer dos árboles preciosos , tan cerca uno del otro que podían tocarse las raíces, daban una extraña y hermosa sensación de amor, que incluso las personas incrédulas se mostraban inspiradas por la energía de estos árboles. Su altura variaba un poco, uno era mas alto y corpulento (el hombre) la otra era estilizada y sutil (la mujer).

Estaban completamente enamorados, lo supieron desde el día en que Zehnti los llevaba en la palma de su mano, todas las semillas habían resbalado y caído al río, pero ellas dos se sostuvieron fuerte una de la otra mediante un beso eterno!

Nacieron, crecieron y juntaron sus raíces con la misma fuerza que tuvieron para sobrevivir siendo a penas unas semillas. Cada segundo de sus vidas no perdían oportunidad para besarse con las hojas de su cuerpo, el viento era su mayor cómplice, parecían aproximarse lentamente con el pasar de los tiempos, tan sutilmente que nadie pudo comprobarlo. Pero el sol y la luna (amantes por naturaleza) eran testigos de su cercanía premeditada, Zehnti seguramente los observaba triunfante desde el cielo. Ya habían pasado 90 años cuando las dos semillas se habían convertido en un mismo árbol, frondoso y lleno de flores, con paciencia y amor se habían acercado milímetro a milímetro para lograr su objetivo.

Ningún ser humano logró quitarlos de ese lugar, porque la naturaleza divina siempre los custodiaba, la fábrica construida en las cercanías fue destrozada por un misterioso y mágico terremoto. La vegetación comenzó a nacer de nuevo, hijos del amor mismo entre éstas dos semillas que se convirtieron en una sola vida por siempre.

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